PEDRO SÁNCHEZ GONZÁLEZ

El 13 de Enero de 2014 nos dejaba nuestro amigo Pedro.



PEDRO

Fernando Bermúdez López

Te has ido, pero te quedas. Para ti ya no existe el tiempo. El tiempo es nuestra manera de entender y medir los años de vida. Tú ya trascendiste el tiempo y entraste en el hoy eterno deDios. Vives en un presente permanente, en donde ya no existe el pasado ni el futuro. Y hacia ese hoy eterno de Dios nos encaminamos todos. Tú te adelantaste..

Te fuiste calladamente. Te fuiste después de una vida fecunda, desafiando el clericalismo, al servicio de los pobres y soñando en otro mundo posible de justicia y fraternidad.

Te fuiste dejando un vacío sin nombre en las personas que amaste y te amaron.

Te fuiste, pero queda lo que dejaste, tu mujer, tu hijo y tus amigos. Tu espíritu vive en todos nosotros.

Pedro, con tu partida de este mundo nos estás diciendo que la vida no se cuenta por la cantidad de años vividos sino por la intensidad con que se vive cada día. Nos estás enseñando que en esta vida histórica todo pasa, pasa la juventud, pasan las tristezas, pasan las alegrías, pasan las cosas, todo, todo pasa menos el amor.

Tú moriste y cerraste los ojos para ver mejor. Muriendo, ves lo que nosotros no vemos: los espacios infinitos del mundo y los secretos más escondidos de la vida. Has traspasado el umbral de la historia, has superado sus ruidos y oscuridades, y has penetrado en el silencio elocuente y en la luz de la Vida.

Es por eso que confesamos, en medio del dolor de la separación, que eres dichoso, Pedro. En realidad la muerte no existe. Sólo existe la mutación, la separación física, dolorosa para los familiares y amigos, pero tú vives más allá de la historia, más allá de la caducidad físico-corpórea. Tú vives, porque no vivimos para morir sino que morimos para vivir en plenitud.

Has entrado, a través de la muerte, en el ámbito de la Vida del Misterio Trascendente, Misterio del que no sabemos nada, pero lo sentimos como se siente el aire que respiramos. Te has reintegrado a la energía cósmica, a la eterna corriente de la Vida de la que provenimos y a la que retornamos.

Eres dichoso, porque ya has participado de la resurrección de Jesús, que no es un privilegio exclusivamente suyo sino que es el destino que aguarda a todos los que poseen su Espíritu, los que como Él y con Él han pasado por el mundo amando y haciendo el bien.

La resurrección de Jesús, en quien creíste, y de la que ya tú participas, constituye el hecho más significativo de la historia de la humanidad, porque quedó demostrado que no es la muerte la que tiene la última palabra sino la Vida.

Te fuiste desafiando a la muerte y entraste en la Fuente de la Vida y de la Sabiduría, de la Belleza y del Amor, el corazón de Dios en el cual existimos. Bebiste el vino nuevo de la plenitud del Misterio Trascendente. Tú, Pedro, ya vives en un alegre y eterno amanecer.

«Dichosos los limpios de corazón porque ellos verán a Dios» (Mt 5,8).




"DORMIDO"

(Juan Serrano, Murcia)


Fui a verle. Me dijeron que estaba muy enfermo. Dorada espiga ya para la siega. Llevaba dos días que apenas comía. Dormido casi todo el tiempo. Cuando entré en su cuarto, me llamó la atención el respaldo de la cama. De sus barrotes colgaban dos muñecas de trapo. Nada de Cristos, ni Crucifijos. Su fe: el camino. Los otros: su religión. Y su credo: el amor. La trenza de una de las muñecas, la del color azul, rozaba suave su cabeza. De vez en cuando Pedro respiraba fuerte, y vi como el aire azul de la muñeca alentaba su corazón.

Le di la mano. Y con las suyas apretó las mías con fuerza, al tiempo que me dijo con coraje: Te quiero mucho. Me quedé mudo. No supe reaccionar. Deberían haber sido más bien mis palabras las que aliviaran su dolor. Le dolía mucho la espalda. Una vértebra resquebrajada. Sus espaldas, siempre tan anchas y erguidas para la solidaridad y la lucha.

Conociendo su pasión por los libros, le dije que estaba leyendo El jugador de Dostoieski, y se le soltó la lengua. No entendí muy bien lo que me dijo, pero seguro que me habló del amor paradigmático entre Alexis y Polina.

Le pregunté por los naranjos, el laurel, los parrales de su Alhama. Le hablé de la lluvia, de su nieto, el futuro que por allí corría diciendo: abuela, el abuelo está despierto. Y me respondieron sus ojos alegres.

Se quedó de nuevo dormido. Me senté en el ángulo de la habitación, en un sillón retirado que allí había. Y esperé. Mi mente se quedó también muda como mi boca, ensordecida. La muerte, sordina lenta de los sentidos. Silencio. Silencio que él mismo rompió al rato para decirme atento, abierto y dispuesto: Habla, Juan, que te escucho.

Y envuelto en la nada de aquel silencio, levanté mi vista, movido por los colores encendidos y festivos de un cuadro que de la pared pendía. Y la pintura me proporcionó tal goce, que creí estar junto a Pedro, los dos, y todos sus amigos juntos, el pueblo entero, bajo la sombra protectora de aquel frondoso árbol «del Jardín de las Hespérides.

Pedro cierra ahora los ojos, tranquilo.

Se quedó feliz, de nuevo dormido, dormido,... como el sol apacible cuando nos dice adiós por el ocaso.

Beati dormiunt in somno pacis.





EN LA MEMORIA COLECTIVA

Antonio López Baeza


AQUÍ se trata de algo que está siempre empezando.

Este es el laboratorio de todos los gérmenes positivos de vida en plenitud.

Todo hombre puede empezar siempre de nuevo a tomar las riendas de su destino, recuperar el tiempo perdido en la fidelidad al momento presente.

Los besos de amor entregados, renacen en flores de inmarchitable belleza.


Las heridas causadas por el empeño diario de levantar del polvo la alegría, son ya surcos en que se elevan pujantes cosechas de vida en libertad.

Ningún esfuerzo en pro de la verdad -esa diosa inasible-, deja de florecer en las manos del luchador como pulpa compartida.

¡Es el pregón de la Dignidad Humana por encima de leyes, ritos y sistemas!

La hondura del corazón del hombre, siempre misteriosa y huidiza, fue el proyecto de su experiencia más personal, y de su ayuda a muchas y muchos que a él acudieran,ansiando ser fieles a sí mismos y disponibles hacia la consecución de un horizonte en abrazo planetario.


Aquí se trata de algo. Algo que no se puede olvidar, cual si se tratase de un viento que arranca una hoja más del árbol.

Aquí se trata de alguien.

Alguien que supo hilvanar el entusiasmo sobre abismos de desesperanza y cansancio.


Alguien que contagió a muchos la alegría de vivir como afirmación del «yo» profundo, el que nunca puede negar la hermosura de nuestra frágil y contradictoria existencia temporal.

Aquí se trata de alguien con nombre e historia que se abren a otros muchos nombres insignes -Jesús de Nazaret, Carlos Marx, Sigmon Freíd, Josef Cardinj, Pablo Iglesias-, y con ellos a esa Historia con mayúscula que circula como savia las venas de todas nuestras pequeñas historias individuales.

Aquí se trata de un nombre, de un corazón, de una vida verdadera:

PEDRO SÁNCHEZ GONZÁLEZ.






  
  
  
  




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