"INMATRICULACIONES DE LA IGLESIA Y POBREZA EVANGÉLICA (MOCEOP)..."

(Publicado el 3 de Julio de 2017)

Es un tema muy serio. En 1998 el gobierno de Aznar reforma la ley hipotecaria por la que se le permite a la Iglesia Católica y solo a ella inmatricular lugares de culto y otras propiedades (pisos, garajes, parcelas, naves, etc.) aplicando una ley de 1.944 (ley franquista) por la que el obispo es equiparado a un fedatario público (notario). Sólo con su propia opinión, puede dar fe de que los bienes que él diga son propiedad de la Iglesia. Sin más.

Así la Iglesia en España se ha hecho con la propiedad de unas 4.500 propiedades entre 1.998 y 2013: casas parroquiales, parcelas, monumentos, templos, ermitas, cementerios, fincas…

Sólo en Navarra han sido 1087 las propiedades que ha adquirido en estos años.

Es a partir de 2003 cuando se realiza el mayor número de inmatriculaciones. La Mezquita de Córdoba la adquiere la Iglesia por 30 euros y la Seo de Zaragoza por 20 euros.

Además no solo se apropia de ellas sino que además está exenta de hacer pública la adquisición.

Es más. Para colmo del despropósito, ni estos inmuebles destinados al culto ni otros inmuebles, no pagan impuestos de ningún tipo, a pesar de que, en no pocos casos, la Iglesia obtiene beneficios importantes en forma de ingresos por visitas turísticas (como la Mezquita de Córdoba).

Es en 2015 cuando se cambia la ley hipotecaria y se impide ya a la Iglesia realizar nuevos registros.

En 2016 el Tribunal europeo de Estrasburgo condena a España a pagar más de 615.000 euros a una empresa ganadera a la que el obispado de Palencia le había quitado una ermita cisterciense medieval que estaba en la finca propiedad de la empresa. El motivo ha sido por permitir esta apropiación basándose en una ley franquista, contraria a los derechos humanos.

Estos hechos nos parecen realmente escandalosos, hechos que demuestran una actitud recaudatoria y mercantil de la Iglesia de España, actitud que no se debe seguir manteniendo.

Nosotros no sólo defendemos que se paguen esos impuestos, al menos de los inmuebles que no se destinan al culto, sino que vamos más allá: pedimos que la Iglesia se desprenda de ellos, los ceda a los ayuntamientos u otras organizaciones sociales para que se destinen a las personas con menos recursos: inmigrantes, refugiados, desahuciados, sin techo, mujeres maltratadas.

Pedimos, además, que, de una vez por todas, la Iglesia asuma su autofinanciación, promesa que hace años hizo y que sigue sin cumplirla.

Todo ello ayudaría a que la Iglesia, como institución, fuera cumpliendo la exigencia evangélica y la práctica de Jesús, que fue pobre, vivió pobre y así se lo comunicó a sus discípulos al decirles que no llevaran oro, ni alforjas, ni dos capas…

La Iglesia así sería más pobre, más creíble y más evangélica, ocupándose de los más desfavorecidos, que fue y sigue siendo el sueño del reino de Jesús.

Y, a la vez, seguiría las directrices de Francisco que al poco de llegar a su pontificado dijo: “¡Cómo me gustaría una Iglesia pobre para los pobres!” (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).





  

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