UN RECONOCIMIENTO DEL PLURALISMO

Desde la perspectiva eclesiológica instaurada por el Vaticano II, había sido muy di6cilpredecírhace 25 años que la espiritualidad de * CAMINO + personificada en s u autor iba a ser * beatificada + en esta última década del siglo XX

Sin embargo, ahí está el acontecimiento como dato incontestable de un nuevo rumbo eclesiástico asumido y promocionado desde Roma. Dato doloroso por lo que supone de agravio comparativo, de ejemplificación impositiva y de retorno a etapas que desearíamos condenadas a sestear en los libros de historia. Y dato contundente por estar enmarcado en un cúmulo de continuas y pequeñas medidas teológicas, pastorales... -que, calladamente y sin necesidad de declaraciones solemnes, han ido afianzando una forma la en iglesia con pretensiones de monopolio. Dato, por tanto, incontestable, doloroso y contundente.

Discrepamos radicalmente del tufillo de poder, intrigas, amiguismo y secretismo que, al parecer, ha sido el caldo de cultivo de este proceso culminado la mañana de un domingo de mayo en la Plaza de San Pedro... Características nada nuevas, es cierto, conociendo algo de] grupo promotor Igualmente disentimos y protestamos por la apuesta romana -en este pontificado- a favor de unos sectores de Jg1esia en detrimento de otros y con el resultado de confinar otras comunidades a zonas fronterizas y aun de organizar una auténtica persecución hacia ellas.

Pero nuestra discrepancia junto a la de otros muchos colectivos de la iglesia universal, no va a conseguir dar marcha atrás ni borrar este acontecimiento ni lo que en sí encierra.

Desde la perspectiva de este análisis queremos encarar nuestra refle2dón en voz alta, como colectivo de iglesia, pequeño, sencillo, pero con opciones de radicalidad.

Situar al fundador del Opus en las proximidades de un Francisco de Asís, un Juan de la Cruz, una Teresa de Ávila, y por encima de una Teresa de Calcuta, un Óscar Romero o un Juan XXIII, entre otras y otros muchos testigos del Evangelio, no otra cosa que subrayar el pluralismo radical que entraña la aceptación y vivencia, personal y comunitaria, del mensaje evangélico.

Pluralismo que tiene su raíz en los siguientes axiomas: Dios no es abarcado por la iglesia católica, Roma no agota el ser de la iglesia universal, no hay congregación ni movimiento que deje a los demás sin lugar para la creatividad, no puede haber creyente que pueda tener la pretensión dei4vir exhaustivamente la llamada de Jesús... Cabemos todas y todos: es El y sólo El quien juzgará qué opciones y qué * caminos + surgen desde la fidelidad al mensaje o a la ley, desde el miedo o la valentía, desde la inercia o la creatividad, quiénes vencían esa fidelidad desde la observancia de la ley y quiénes desde la prioridad de la vida y de la fraternidad..

A nosotros --como creyentes y a las comunidades locales y universales en la medida en que lo son... --sólo nos toca aceptar radicalmente a los hermanos y hermanas, aunque nos separen profundas discrepancias, en la convicción más profunda de que en la casa del Padre hay muchas y diversas moradas.

Pero nos corresponde al mismo tiempo exigir ser respetados y aceptados desde el mismo y único Evangelio.

-Esta exigencia implicará inevitablemente justificaciones y debates, búsqueda de clarificaciones que nos acerquen a lo evangélico, contrastación fraterna para el enriquecimiento mutuo y nunca para la descalíficación.

Pero nuestra exigencia del pluralismo debe ser ante todo vital, desde la contundencia de los hechos; nadie puede impedirnos -no hay ninguna razón teológica para ello- vivir en nuestras pequeñas comunidades como personas adultas en la fe que asumen y realizan sus compromisos y ministerios comunitarios desde la libertad de hijas e hijos de Dios; no hay autoridad eclesiástica que pueda imponerse como la única y verdadera, ninguna forma de concretar la vivencia del compromiso evangélico; no hay posibilidad real ni justificación teológica para encuadrar a todas las personas creyentes en Jesús en estructuras parroquiales y clericales...

Desde esta legitimidad evangélica nos atrevemos a reivindicar nuestro lugar eclesial junto al de tantas comunidades y grupos que igualmente en los últimos tiempos sufren un acoso sistemático y una descalificación en nombre de cierta ortodoxia.