PENSAMIENTO

 
 

 

REFLEXIONES EN TORNO

AL SERVICIO EN LAS COMUNIDADES DE LOS HECHOS

JOSÉ A. CARMONA BREA

 

Pese a todos los conatos innovadores, es patente hoy en Occidente la existencia de una clase clerical claramente diferenciada de los seglares e integrada por sacerdotes, obispos y altas jerarquías.

En los siglos XVIII y XIX se pretendió incluso que tal clase sacerdotal-clerical tenía sus raíces en el sacerdocio de Cristo, del que participaban a un nivel ontológico-exclusivo los sacerdotes, los «consagrados», siendo, por tanto, la existencia de la «clase sacerdotal» consecuencia del sacerdocio de Cristo. Esta idea teológica fue la raíz de una espiritualidad sacerdotal muy difundida, incluso en los años de nuestra formación en los seminarios y de la que hemos recibido el último aguijonazo al «ser reducidos al estado laical».

En la Edad Media el pueblo estaba obsesionado con la idea de la consagración en la eucaristía, y la teología terminó por interpretar el sacerdocio como una «potestas consagrandi», un poder reservado a un grupo de elegidos: los sacerdotes, mientras que a los obispos y al Papa se les reservaba otra •potestas», la de jurisdicción. Así se interpretaba el sacerdocio en términos de poder, y el carácter sacerdotal como la impronta del poder en el sujeto, que recibía el sacerdocio.

En cambio, en la era patrística, aunque se va judaizando el concepto del sacerdocio cristiano, se mantiene la idea de que el sacerdocio está vinculado a la acción del Espíritu, para mantener la salvación en; la Iglesia. El sacerdote es interpretado, pese a la incipiente jerarquización, como «neumático», como hombre del Espíritu, como el carismático servidor de la comunidad.

Mas veamos ALGO DE LO QUE SE NOS DICE EN EL NUEVO TESTAMENTO SOBRE EL" SACERDOCIO CRISTIANO.

Tengamos presente que la palabra de Dios no es instrumento para demostrar nuestras ideologías preconcebidas, para refrendar los dogmas que hayamos elaborado, sino que es fin en sí misma y objeto de contemplación. (Non uti sed frui.)

Vamos a intentar una serena lectura, una reflexión sobre irs vivencias de fe de las comunidades que convivieron con los apóstoles, intentando hacerlo con el menor bagaje ideológico posible.

1. ALGUNAS REFLEXIONES SOBE LA CARTA A LOS HEBREOS

Es esta carta el único libro del Nuevo Testamento que utiliza el término griego "hiereus" aplicado a Cristo. Dicho término se utilizaba para designar a los sacerdotes del Antiguo Testamento y a los de las culturas no judías, arrastrando en su significación los conceptos de poder y de separación entre lo sagrado y lo: profano.

El autor de la carta utiliza la idea del sacerdocio levítico para mostrar que tal sacerdocio ya no tienen razón alguna de ser, pues Cristo muerto en la cruz y resucitado por el Padre, que acepta la entrega del Hijo, es el único y definitivo sacerdote para toda la humanidad, no sólo para los judíos.

Cristo es el •hiereus (sacerdote) para siempre, según el orden de Melquisedec• (5,6), no según el orden de Aarón. El es el «sumo sacerdote (archiereus), tomado de entre los hombres, puesto para representar a los hombres en las relaciones con Dios- (5,1), quien por su obediencia -se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen a El, pues Dios lo proclamó sacerdote en la línea de Melquisedec• (5,9-10). Por ello Jesús es el garante de una alianza más valiosa, la nueva alianza en su sangre, y así «puede salvar a los que se acercan a Dios por El. -pues está siempre vivo para interceder por ellos» (7, 22-25).

Por tanto, el culto antiguo (el sacerdocio levítico) es insuficiente y se ha de sustituir por el nuevo, basado en el Misterio de Cristo muerto/resucitado.

Ahora bien, el sacerdocio levítico era un sacerdocio tribal, de casta (personal sacro), dedicado al servicio y al cuidado del templo (lugar sacro), para ofrecer sacrificios durante las fiestas religiosas judías (tiempo sacro). Jesús viene a abolir esta forma de sacerdocio, viene a establecer la fraternidad universal, a eliminar toda separación en las personas, en el tiempo y en el espacio; viene a destruir la línea que separa lo sagrado de lo profano, porque el hombre es el templo vivo (no hay espacio sagrado), para ofrecer el sacrificio de su vida (toda persona es sagrada), en ofrenda constante al Padre (no hay tiempos sagrados).

Cristo resucitado es el nuevo sacerdote que abre la esfera de lo divino a todo hombre y a toda la creación, destruyendo los límites que los hombres constantemente nos hacemos para separar lo exclusivo de Dios, lo consagrado y lo meramente histórico, lo profano. Todo es crístico, como nos dice Teilhard; todo es cristocéntrico y cristotélico.

En el Apocalipsis se emplea el término hiereus aplicándolo no a los ministros del Nuevo Testamento, sino a toda la comunidad de creyentes en Cristo, a todos los bautizados. Su significación, pues, es totalmente diversa a la que tiene en el sacerdocio levítico.

Cristo, sumo sacerdote, supera la estrechez y limitación del culto antiguo y se manifiesta a sí mismo como único sacramento de una salvación, que abarca todos los rincones del espacio y del tiempo, de una salvación realmente universal y cósmica. Y el sacerdocio de Cristo es su propia realidad sacramental, su propia realidad divino-humana, que se nos manifiesta en la llamada que nos convoca para la, celebración, y en la palabra que nos comunica la misión de evangelizar a todo hombre, de anunciar que somos hijos del Padre.

2 EL SACERDOCIO-SERVICIO EN LAS COMUNIDADES DE LOS PRIMEROS DÍAS

Jesús no instituyó nada prácticamente; en todo caso, el apostolado, nos dice Schillebeeckx («El ministerio eclesial», pág. 7, Cristiandad, Madrid).

Jesús vive el Amor, el Agape, y nos lega el misterio de su vida y muerte, su mensaje, su proyecto de amor universal. Mas nos ha dejado e! Reino sólo comenzado, .abandonando. en nuestras manos su realización y la libertad para seguir construyéndolo en la historia.

Por eso ?instituyó. el apostolado, para que los hombres proclamáramos los valores del Reino, para que comunicáramos a los hermanos reunidos en la comunidad la gracia sacramental de la salvación. El apostolado es, pues, un servicio humano-divino (sacramental).

¿Se vive como tal en las comunidades de los primeros días?

Los inicios de la Iglesia son de gran creatividad, debido a las necesidades del momento. Se intentan muchos caminos. pero en gran parte se abandonan.

- Los apóstoles intentan mantener el grupo de los doce, eligiendo a Matías (Hec. 1,21-26); pero pronto dejan de mantener el grupo. Pablo se añade como miembro, después de la muerte de Santiago; no se elige a nadie en su lugar. El número doce tiene un significado simbólico (profundo), no aritmético (cuantitativo).

- Las funciones que ejercen los apóstoles están claramente expresadas en los Hechos: la predicación de la palabra, el convocar a los fieles a la asamblea en el nombre del señor Jesús, el ser emisarios de la reconciliación, la celebración de la fracción del pan y el orar manteniendo la unidad de los creyentes. (Hech. 6, 1-4; 2. 38; 2, 42, y passim.)

- Los bautizados forman una comunidad de laicos, incluso los sacerdotes de la ana tigua alianza, que se convierten, pasan a ser laicos. (Hech. 6, 7).

- Por necesidades de la Iglesia, que crece, se crea un nuevo grupo, «los siete-, para atender al servicio de las mesas. En aquellos primeros tiempos ya empieza a hacer tensiones entre judíos y griegos conversos. Mas en los acontecimientos está la acción del Espíritu. (Heb. 6, 1-7.)

- Los diáconos son elegidos para el servicio de las mesas, pero su acción va mucho más allá, pues predican la palabra con gran coraje y realizan grandes prodigios. Realizan funciones que parecen propias de los apóstoles.

- En la designación aparece ya la Imposición de manos (rito para significar) y la oración (palabra).

- Esteban es símbolo de la universalidad de la salvación en Cristo, frente a la estrechez de los doce (que permanecen cerrados en la casa de Israel), y por lo mismo fue la primera presa de la Ira de ¡os judíos. El continúa la línea de Jesús al negar que Dios -habite en edificios construidos por manos de hombres. (Hech. 7, 48.) Con lo que rompe con la sacralidad de la visión religiosa judía (aún respetada por los doce, que acudían al templo), y es condenado porque «la Ley es más importante que el hombre».

- Esteban ha entendido el sacerdocio de Cristo, el sacerdocio cristiano: servir al hombre en la proclamación de la Palabra.

ES CLARO:

• Que el ministerio de los -doce» y el de los -siete» no se realizan más que como servicio a la comunidad, nunca en beneficio propio_

• Que los diáconos se dedican al servicio de la Palabra para la conversión (Esteban, Felipe), sobrepasando el servicio de las mesas y, por tanto, la evangelización no es exclusiva de los doce.

• Que los fieles participan en la fracción del pan, sin que haya distinciones entra ellos.

• Que los testigos de la resurrección son los garantes de la unidad en la fe.

• Que hay un protagonismo de Pedro, aunque parece algo personal, pues no hay un solo dato que indique que dicho protagonismo haya de pasar a sus sucesores.

LA IGLESIA Y LOS SERVICIOS FUERA DE PALESTINA (Hech. 11. 19-22; 13, 1-3)

En los primeros capítulos de los Hechos aparece muy profundo el sentimiento hondo que tienen Pedro y quienes le codeaban de que la salvación pasaba por el judaísmo, pese a todo; pero ¿podremos decir lo mismo de todos los apóstoles y discípulos de Jesús?

Sobre la mayor parte de ellos hay un profundo y escalofriante silencio, una ausencia total de testimonios, que han de dar que pensar. ¿Podremos afirmar que ninguno de ellos había entendido el sentido universal del mensaje cristiano de salvación? ¿Qué podemos decir de Natanael, Tomás, Felipe, Andrés, los Alfeo...? ¿Por qué no escribieron nada? ¿Es que no tenían nada que decir, o que lo dijeron escribiendo en el corazón de la historia, en el corazón de los hombres?

Mas la comunidad de Jerusalén, con Pedro al frente, estaba cerrada a los paganos; por eso fue necesaria una intervención especial del Espíritu, una más, para que Pedro saliera de su estrechez, y se abriera a la universalidad del -Misterio de Cristo. Hech. 10. La puerta que abre el Misterio a todo hombre es el arrepentimiento (la conversión- reconciliación). Hech. 11. Y esto es posible en cualquier ser humano.

Frente a esta actitud cerrada de la iglesia Palestina empiezan a florecer otras comunidades en la diáspora.

La iglesia de Antioquia

La primera expansión de comunidades fuera de Palestina es provocada por la persecución. Hech. 11, 19. Y aun así el mensaje de salvación no se predica en principio más que a los judíos. Hech. 11, 19. Tan sólo con la llegada de los helenistas a Antioquía se comienza a predicar a los griegos, quienes atienden en gran número a la llamada de la fe. Hech. 11, 20-21.

Posiblemente no hayamos reflexionado suficientemente sobre la estrechez de miras de aquellos primeros cristianos a la hora de entender el mensaje salvador, y sobre la fuerza -de la acción del Espíritu que hace llegar la Palabra a todos, pese a la oposición de los propios portadores de la misma.

Mas ¿cómo nos presentan los Hechos a aquella comunidad de Antioquía? Como una comunidad:

• Compuesta en su mayor parte por hedenistas conversos; 11, 21.

• Solidaria con las otras comunidades; 11, 29-30 (envía ayuda a la de Jerusalén,

que pasa necesidad, en parte debida a la falta de previsión de dos primeros

años).

• Fraternal, sin jerarquías de poder; 11, 29 (son los discípulos los que deciden enviar la ayuda).

• Con variedad de servicios (Bernabé y Saulo son enviados a llevar la ayuda, 11, 30; Agabo es profeta, otros doctores, 13, 1; Pablo, en su carta primera a los de Corinto, recuerda esta estructura antioquena. (Cor. 12, 28).

• En la que los profetas y maestros mantienen la palabra y la oración, ejerciendo la liturgia ~(el servicio): 13, 1-4.

• Misionera, 13, 3. y centro de las nuevas comunidades.

• Que ora y ayuna en el servicio-liturgia, 13, 2-3.

• Que en la oración y ayuno comunica con el Espíritu y reconoce su voz, aunque

llame a algo desconocido; 13, 2.

• Que entiende la oración y el ayuno como condición inicial, a fin de poder enviar en el nombre del Espíritu a los nuevos misioneros, apóstoles itinerantes; 13, 3. Pablo especificará más tarde que la misión del apóstol es evangelizar, 1 Cor. 1,17; y colocará a los apóstoles a la cabeza de los servidores de la comunidad, 1 Cor. 12, 28.

Así nos presentan los Hechos a la comunidad, a la iglesia antioquena, humana en sus grandes tensiones internas, en sus divisiones superadas por la fe; mínima en su organización, la necesaria para mantener e! servicio de la fe y del amor mutuo (profetas y doctores); lúcida en su misión de salvación.

4 ° LA IGLESIA DE JERUSALÉN

En la iglesia de Jerusalén aparecen junto a los apóstoles y a la comunidad los ancianos o responsables (15, 4); a continuación, en el v. 6, se suprime la mención de la comunidad, pero no la de los responsables o ancianos. Estos, junto con los apóstoles (Pedro, Santiago), tienen una misión de control, han de examinar si procede o no la circuncisión de los conversos no judíos.

La comunidad está presente en la recepción de Pablo y Bernabé y también en la decisión final (v. 22). pero no en el consejo de deliberación ni en el encabezamiento de la carta, que tiene la resolución (v. 23).

En Jerusalén la iglesia se estructura en torno a Santiago y a los presbíteros y más tarde, al desaparecer los primeros, quedarán !os presbíteros o ancianos al frente con su misión de pastores, vigilantes para que se conserve la doctrina. No aparece jerarquía de poder, sino diversidad de funciones entre los «hermanos» apóstoles y los «hermanos» responsables o ancianos.

Sin embargo, aunque la iglesia de Jerusalén es el punto convergente de todas las comunidades de la diáspora, su modelo de organización no se copia en muchos lugares.

Nunca olvidan los primeros creyentes que la acción dei Espíritu es la primordial, sea cual sea el medio humano que se emplee en la organización (v. 28).

Es de destacar el papel tutelar de la iglesia de Jerusalén con respecto a las otras iglesias.

Y pese a todos los esfuerzos de los apóstoles y responsables continuarán muchos de los discípulos, provenientes del judaísmo, siendo fanáticos de la Ley de Moisés y exigiéndola a los no judíos. Hech. 21, 20.

Conclusión:

La comunidad de Jerusalén está cercana al judaísmo.

Es variopinta y con fuertes tensiones internas.

Es muy numerosa, por eso las deliberaciones las hacen los responsables; de lo contrario no sería viable la deliberación.

Los responsables son servidores de la buena doctrina.

La conservación de la sana doctrina no se opone a las innovaciones, frente a las férreas exigencias de los fariseos conversos.

La sana doctrina supone fidelidad a Jesús de Nazaret, aunque haya que superar tradiciones de honda raíz judía.

5 LOS PRESBÍTEROS DE LA IGLESIA DE ÉFESO (Hech. 20, 17-38)

Lo que se narra en este capítulo hay que encuadrarlo en torno al año 60 posterior a Cristo, pero la redacción lucana es posterior, en torno al año 80 posterior a Cristo, fecha en la que la estructura presbiteral se había impuesto en gran parte de las comunidades.

La organización de la iglesia de ÉFESO que se presenta en este texto es muy distinta a la de las primeras comunidades apostólicas. Se trata de una iglesia presbiteral.

En el discurso que Pablo dirige a los ancianos aparece que al frente de la comunidad de creyentes no hay ni apóstoles, ni profetas, ni doctores, sino sólo los ancianos responsables (20, 17).

Pablo afirma que su misión como apóstol es la de evangelizar, la de comunicar la buena noticia, y hacerlo por entero, en su integridad, sin mutilaciones (20, 24-27; confrontar 1 Cor. 1,17).

El apóstol recomienda a los responsables que actúen en la comunidad, como pastores responsables de su rebaño, pues para eso fueron colocados por el Espíritu en su cargo servicio (20, 28).

También pone de relieve el peligro que ya acecha a la iglesia y que procede incluso de los propios creyentes: el peligro de los falsos pastores (20, 30).

En esta época, prácticamente post-apostólica, es incesante la presencia de falsos pastores. Ya ha acabado la era de las grandes misiones. Las comunidades se organizan en torno a los responsables, o responsables-pastores que han de cuidar de mantener la unidad en torno a la sana doctrina (v. 30). Los apóstoles, testigos directos de los Misterios de la vida de Jesús, van desapareciendo. La expectación escatológica se va enfriando. La unidad peligra y se busca la unicidad para protegerla, unicidad que se realiza imponiéndose poco a poco la estructura presbiteral de las comunidades, según el modelo de la iglesia de Jerusalén; ya en el siglo 11, con Ignacio de Antioquía y Policarpo de Esmirna, dicha estructura se hará monárquica.

Ese miedo al riesgo de que las comunidades sean dirigidas por falsos pastores es el que motiva las tres cartas pastorales, atribuidas tiempo atrás a Pablo y cuya ¡redacción es posterior a la del libro de los Hechos.

Las pastorales van dirigidas a personas concretas, no a comunidades {ha cambiado la estructura), personas que ejercen un cargo relevante dentro de esas comunidades, a las que apenas si conocemos más que su falta de relieve, de importancia frente a los pastores (Timoteo, Tito).

Hemos de notar que el cargo de pastor conlleva la gracia del Espíritu, 1 Tim. 4, 14; 2 Tim. 1, 6; que se trata de un cargo duradero y deseable, que comporta una serie de obligaciones a fin de que el servicio a la comunidad se asegure. 1 Tim. 5, 1-16.

Esta preocupación por los falsos pastores, que muestra Pablo en su discurso a los responsables de Efeso, es una constante en las cartas pastorales y en la carta a los efesios, que no es de Pablo, aunque sí de clara influencia paulina, al parecer.

En dicha carta, dirigida, como el discurso que nos ocupa, a la comunidad de Efeso, se afirma que los cristianos, los creyentes de aquella comunidad son verdadera familia de Dios, «porque fueron edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, con el Mesías Jesús como piedra angular». Ef. 2, 20.

El criterio de discernimiento entre los buenos y malos pastores ha de ser éste: el evangelio predicado, sobre el que se mantiene la fe. 1 Cor. 3, 5-7. Pensamiento que Pablo va predicando a lo largo de su vida apostólica.

Los apóstoles recibieron la misión de predicar el Misterio escatológico, el mensaje de Jesús y no otro. -Id y haced discípulos de todas las naciones... y enseñadles a guardar todo lo que os he mandado; mirad que yo estoy con vosotros cada día, hasta el fin del mundo.» Mt. 28, 20. Es ésta la misión del apóstol, anunciar la salvación a todos los pueblos, no sólo a los judíos '(no sólo a los cristianos), porque para todos se realiza el Misterio de Jesús en la historia; pero el hombre ha de abrirse a la salvación, convirtiéndose y guardando en su vida todo lo que Jesús había enseñado durante su vida histórica en la carne, asumiendo los valores del Reino, que Jesús predicó y vivió.

Este y no otro es el criterio para discernir al falso pastor del verdadero, que ha de guiar al rebaño con los criterios de Jesús, fundamentando a la comunidad en la misma persona de Jesús, 1 Cor. 3. 5-7; cualquier otro evangelio que se predicare se basaría en saber humano, no en la gracia de Dios, 1 Cor. 2. 5. Y no sería genuino.

La comunidad no puede mirarse a sí misma, no puede mirar a los pastores, que no son más que ministros, servidores en el servicio que nos trajo Jesús, sino al Jesús histórico y al mensaje de salvación que difundió entre los hombres, pues •a fin de cuentas ¿qué es Apolo y qué es Pablo? Auxiliares que os llevaron a la fe, cada uno con lo que le dio el Señor». Los apóstoles cuentan tan sólo en cuanto que son los que predicaron el «verdadero evangelio», los que presentaron al auténtico Jesús histórico, los que transmitieron los genuinos valores del Reino que la comunidad ha de vivir y transmitir de corazón en corazón hasta que El vuelva.

Valores que han quedado plasmados en el Sermón del Monte. Mt. 5... Y que son la antítesis de los valores sociales, admitidos como tales en nuestro mundo. Bienaventurados los pobres, los marginados, los no violentos, los perseguidos, los no instalados, los que tienen hambre y sed de justicia.- Estos valores suenan a verdadera mofa en nuestra sociedad (también la eclesiástica) y, sin embargo, son los valores que Jesús nos trajo, haciéndolos suyos hasta la cruz. Estos son los valores del Reino, baremo de discernimiento de los buenos/malos pastores, de los buenos/malos discípulos.

Este es el criterio que Pablo propone a los responsables-ancianos de Efeso para que examinen su servicio pastoral.

Así, pues, la comunidad de Efeso no está jerarquizada por el poder, sino distribuida en los servicios, aunque aparece sólo el de responsable.

Los responsables han de ser servidores en la línea del servicio de Cristo, marcando el camino de la cruz, de los valores del Reino.

La comunidad puede (y debe) juzgar a sus pastores-servidores para discernir al buen pastor del que no lo es.

 

6 ° CONCLUSIÓN

Es evidente que tenemos que partir de las fuentes de la revelación a la hora de entender nuestro sacerdocio y de llevarlo a la vida de los hombres.

Es claro también que no podemos perder de vista toda la historia de la Iglesia, ni la evolución que el sacerdocio ha sufrido a lo largo de los tiempos. En la historia habla el Espíritu.

Pero no es menos cierto que las soluciones históricas no son universalmente válidas y, por tanto, no imitables sin más. El Espíritu habla a través de los hombres. Toda la historia se ha de conocer, mas no toda se ha de imitar.

Lo que sí se ha de imitar siempre es el Evangelio del Reino, y en ello hemos de empeñar nuestro afán de cristianos-servidores de los hombres.

En las fuentes del Nuevo Testamento EL MINISTRO (¿sacerdote?) APARECE COMO UN MIEMBRO MAS de la comunidad, no separado, no sacro, sino integrado.

En los Hechos se ve que la Iglesia tiene libertad para crear nuevas formas de misterios y servicios (liturgias) con el fin de mantener la unidad de la fe, y la misión de predicar el verdadero evangelio.

El ministro aparece (pastor, apóstol...) como símbolo de Jesús en la predicación de los misterios de salvación, en la proclamación de los valores del Reino, del mensaje de amor fraternal universal, y como símbolo de la gratuidad de la convocatoria a la fe y a la mesa.

Se deduce de las mismas fuentes que toda estructura que pueda darse en la Iglesia ha de ser necesariamente símbolo significativo de los valores del Reino en cada cultura.

Es claro que en los Hechos de los Apóstoles el ministerio es algo funcional, nunca ontológico; es un cargo, nunca una entidad.

Que las comunidades primeras son fraternales, no existe entre ellos la jerarquía.

Que la imposición del modelo presbiteral en las comunidades se da como fenómeno histórico-humano para solucionar el problema de crisis de unidad, y para ello se intenta la unicidad, aunque siempre se mantiene el sentido carismático (de servicio a) del cargo pastoral.

Por todo ello creo, HEMOS DE ABUNDAR EN NUESTRO «RETORNO AL LAICADO., abandonando por antievangélica la conciencia de clase clerical, la conciencia de elegidos por ser sacerdotes, cambiándola por la de elegidos por ser humanos.