LA TENTACIÓN DE LA SINAGOGA

 

Empequeñecer a Dios, hacerle «propiedad particular», «formularle» con la presunción de precisión total, proyectar la firmeza de nuestra adhesión a El sobre la seguridad de nuestras fórmulas sobre El... Pretender, en definitiva, que nuestra captación de Dios agota su captabilidad... Estas expresiones pueden dar la pauta de lo que entendemos por «espíritu de sinagoga». Espíritu que, como la institución misma, es típico del «testamento antiguo}, de una alianza Dios-Hombre superada y plenificada, aunque presente y amenazante de continuo entre los creyentes.

Nos hace hoy este comentario al hilo de tanta noticia que nos habla de involución, de seguridad doctrinal, de control, de sanciones y destituciones..., de espíritu restauracionista, en definitiva. Y esta reflexión en voz alta no intenta ser un arma arrojadiza contra nadie: ojalá sirviera siquiera una pizca como voz profética desde la marginalidad; pretende fundamentalmente ser una invitación, sobre todo para nosotros mismos, a resituar y resituarnos si fuera menester...

Y es que «somos iglesia-, no sinagoga. Y sabemos y queremos recordarnos que «iglesia» quiere decir llamados a formar parte del Pueblo de Dios que peregrina en esta historia nuestra y que lucha por alumbrar día a día el Reino. Somos llamados, reunidos, congregados:

• Para vivir el Evangelio; para buscar solidariamente junto a todos los hombres, nuestros hermanos; para luchar por un mundo más justo y fraterno, a la luz de un mensaje vivo llamado Jesús. No para mantener intacto e incontaminado un mensaje anquilosado en fórmulas y confinado en la historia muerta.

• Para servir y ser solidarios con una Humanidad de la que formamos parte y que nos necesita... No para ser «puros», aislarnos, crear y vivir un mundo y una historia aparte.

• Para dejarnos evangelizar por la vida, por los hombres, por los que nos critican. Jesús, su Evangelio, no son nuestro monopolio: son patrimonio de todo hombre; y cualquier hombre; cualquier acontecimiento nos puede aportar aspectos de su mensaje. Llamados no para cerrar filas en torno a una interpretación -inevitablemente parcial, aunque sea la más completa- del acontecimiento salvífico de Jesús.

• Para rastrear los «signos de los tiempos» y dejarnos interpelar por ellos; para buscar y arriesgar ante nuevas situaciones y nuevos problemas. No para «expulsar» discrepantes y acabar con los disidentes.

«La verdad os hará libres». Según Juan (8, 32-36) es éste uno de los distintivos de la verdad de Dios; de su fidelidad para con el hombre y de la revelación que de sí nos ha hecho en Cristo. Normalmente, «nuestras verdades» tienden a disfrazarse de mayúsculas, y acaban esclavizando, atando, generando intransigentes.

La verdad de Dios en Jesús libera porque es abierta, respetuosa, tolerante, solidaria, servicial; porque no excluye la búsqueda sino el orgullo; porque incita al compartir, no al atesorar.

«Donde hay espíritu del Señor hay libertad» (2 Cor. 3,17). Donde hay libertad, por tanto, tenemos uno de los ingredientes, uno de los signos de la presencia del Espíritu. La intransigencia, el doctrinarismo... son hijos del espíritu de la sinagoga.

Es un motivo de la más franca alegría poner en vuestras
manos un número que, por fin, rompe con una gestación,
hasta ahora, inevitablemente centralizada.


 

El bloque de «PENSAMIENTO Y TESTIMONIOS» ha sido preparado por el grupo de CATALUÑA. Enhorabuena a todos y ánimo para otros... Esperamos que los números sucesivos sean confeccionados por el grupo de Levante, Andalucía, etc.