Una revista como TIEMPO DE HABLAR habría sido indispensable hace unos años:

es demasiada la influencia de ciertos tabús entre nosotros.

La problematicidad del sacerdote y de su vida celibataria

quedaba enterrada en lo profundo de las conciencias y de confesionarios.

Hoy el tema es abierto y valientemente afrontado por doquier, de una perspectiva eclesial: desde dentro.

Proliferan las reuniones, escritos.

Y la problemática atraviesa las murallas de las palabras para saltar a opciones arriesgadas.

Hemos recibido noticia de encuentros y tomas de postura de versos grupos.

Damos una breve reseña. Y adjuntamos un

documento muy serio a nuestro juicio aunque algo trivializado la prensa diaria.

Seguiremos transcribiendo alguno de estos documentos.

GRANADA

El 21 de mayo pasado se reunieron unos cincuenta sacerdotes. "La Mesa de la Asamblea introdujo el tema con las siguientes reflexiones: nos congregó el amor adulto y crítico a la Iglesia y el deseo de que el celibato brille como un auténtico valor en el pueblo de Dios..."

Se llegó a una serie de propuestas de acción:

- "Pedimos a la autoridad de la Iglesia que facilite pronto las secularizaciones..."

- Hacer un resumen de lo tratado (lo ofreceremos íntegro en sucesivos números enviarlo al Obispo y darle publicidad.

- "Invitar a los compañeros a estudiar el tema más a fondo en reuniones comarcales

- "Coordinarse con otros grupos sacerdotales del Estado para este tema y con MOCEOP."

- "Hacer una encuesta por las parroquias.

- "Hacer una encuesta a los compañeros sacerdotes."

MADRID

El 6 de junio se llevó a cabo el primer encuentro de "curas jóvenes". Se charló abundantemente y el P. José Mª Castillo iluminó la situación expresada en el coloquio inicial.

En ese intercambio inicial flotaban estas constantes:

Los curas vivimos problemas.

Muchos de ellos son comunes: superan lo personal.

Esto afecta a algo que nos importa: la Iglesia.

Por eso queremos afrontarlo en conjunto y seriamente.

El coloquio tras la intervención del P. Castillo, fue extenso e interesante, dificil de recoger en pocas líneas.

Se acordó reunirse en una jornada más amplia -algún "puente"- para poder profundizar sobre toda esta problemática.

CÓRDOBA

Tenemos noticias de dos importantes acciones:

- La emprendida por los "Once" curas en proceso -bloqueado- de secularización:

alguno espera respuesta a su expediente desde hace dos años... Enviaron cartas a los Obispos andaluces, comunidades cristianas de Andalucía y al Presidente del Gobierno, aludiendo --- esta última- a la "discriminación, ciertamente dramática, en lo que se refiere al tema del matrimonio, ya que el Código Civil, al plantear en su art. 83, núm. 4, como causa dirimente de incapacidad para contraer nupcias, la "ordenación in sacri0, niega a los que así se encuentran (con proceso de secularización parado) toda posibilidad de llevar a cabo el contrato matrimonial, derecho éste no vedado a los demás ciudadanos, salvo en casos que afectan a la misma entidad y validez de dicho contrato". Precepto que aún siendo legal, se juzga como "claramente anticonstitucional...".

- Existe también otro escrito cordobés, con 169 firmas, en el que hay un pronunciamiento contra la ley y a favor del carisma del celibato.

EQUIPO DE SACERDOTES CASADOS DE ESPAÑA (ESCE)

También ellos se han reunido en Madrid a finales de junio y han vuelto a entrevistarse con el señor Cardenal de Madrid. Le han entregado una carta para el Papa y han charlado abiertamente con él.

Su postura puede resumirse en el último párrafo de la carta aludida:

"Esperarnos y pedimos con respeto que se abran los cauces necesarios para una pronta reintegración en el ejercicio sacerdotal, de quienes deseamos vivir nuestra doble vocación para el bien del Pueblo de Dios."

ASTURIAS

Al Arzobispo de Oviedo; a la Conferencia Episcopal Española; al Nuncio de Su Santidad en Madrid; a la Prensa.

El Concilio Vaticano II trajo un aire fresco de renovaci6n a la Iglesia. Supuso un examen de conciencia, una revisión a fondo y un diálogo sincero con el mundo contemporáneo. Al fin, la Iglesia, con muchos siglos de historia a cuestas, quería estar cerca del mundo y del hombre, respetando al hombre y al mundo. Abrió las puertas a la esperanza para mostrar su verdadera riqueza: la fe en Jesucristo, la defensa de los derechos humanos, la liberación de los hombres y de los pueblos. Como consecuencia de esta apertura hubo sacudidas y vaivenes, crisis y nostalgias, excesivas prisas e intencionados retrasos... Era la lucha normal que supone vivir cada día la realidad cultural y humana de la historia, era la renuncia consciente a una situación de privilegio y de dominio, era la vuelta a los orígenes de una Iglesia pobre y, por eso, libre.

Hoy, con pena, estamos asistiendo a un rápido cierre de esclusas. Juan Pablo II se erige en señor y dueño de vidas y haciendas y, ordenador exclusivo de las conciencias, niega, por sistema, el principio radical de toda persona a buscar libremente el espacio humano, social y cristiano en la Iglesia y en la Sociedad. La política de Juan Pablo II en el tema de la secularización de sacerdotes, como en otros campos de la vida humana, así como el silencio de la jerarquía, supone un abuso de poder y una intolerancia que recuerdan tiempos y situaciones anteriores que creíamos olvidadas para siempre.

 

Un grupo de sacerdotes de Gijón,

Asturias Junio de 1979

En los últimos años de la Iglesia se ha producido un hecho, con mayores proporciones que en tiempos anteriores, que, a nuestro juicio, no fue suficientemente analizado. El hecho de la secularización de miles de sacerdotes, religiosos y religiosas --que es el tema en cuestión- no sólo fue oficialmente silenciado, sino que, en muchas ocasiones, se pusieron impedimentos a encuestas, estadísticas y estudios sociológicos que evidenciaban una situación de conflicto y de revisión en el status del sacerdocio jerárquico y ministerial de la Iglesia y en la acción evangelizadora y pastoral de la misma.

No es nuestro propósito entrar de lleno en los contenidos teológicos del sacerdocio católico, sino plantear una situación de hecho que tiene una constante progresiva en casi todos los países del mundo y que, por ello, afecta profundamente a muchas personas.

Desde el principio queremos establecer unas premisas que consideramos válidas: por encima de la dignidad sacerdotal y anterior a ella está la dignidad de la persona y del creyente. El hombre es más que el sacramento. La secularización, en la mayoría de los casos, no es una renuncia a la fe en Jesús, ni a la expresión personal y comunitaria de la vivencia cristiana, ni "a la responsabilidad y dignidad personal, ni a la propia conciencia ni a la auténtica fidelidad a sí mismo% sino a un modo concreto y específico de estar en la Iglesia, que, al entrar en conflicto, por las razones que sean, con la conciencia de cada uno, en la más pura teoría de los derechos humanos, es la más exquisita prueba de honradez y honestidad y debe proporcionar a la persona el espacio de libertad suficiente para una opción personal y libre. Creemos que esto es un derecho inviolable de la persona que ninguna ley, y mucho menos invocando el nombre de Dios y de la religión, puede lesionar.

Entendemos que la secularización de muchos sacerdotes no se produce "a causa de las dificultades que encontramos y los sacrificios que se nos exigen"...; la realidad nos dice que, en la mayoría de los casos, la secularización supone el abandono de una relativa instalación y comodidad, de cierta situación de prestigio y privilegio y coloca a la persona secularizada en un mundo extraño y adverso, en la incomprensión de la familia y de los amigos, en la aventura, incluso, de subsistir humanamente.

Nos entristece pensar que la Iglesia de Jesús, la Iglesia del amor y de la libertad, presencie, con la más absoluta indiferencia, a veces con la crítica farisaica y hostil, la secularización de muchos compañeros, estupendos trabajadores del Evangelio, a los que ni siquiera se les dispensa una palabra de gratitud por los servicios prestados. Ahí está el problema en toda su cruda realidad, cuya solución, desde luego, no está en condenar el hecho o volverle la espalda. Porque lo realmente lamentable y lo que, es objeto de nuestra protesta y de nuestro estupor es la actual postura de Juan Pablo II, cerrada y pertinaz, de negar la secularización a quienes la solicitan después de una reflexión en profundidad y desde la atalaya de unos años de personas adultas y responsables.

Lamentamos que la fuerza del poder y de la autoridad esté presente, una vez más, en la Iglesia de Jesús. La intransigencia y la intolerancia son, en el fondo, signo de debilidad y de falta de fe.