LA MENTIRA

COMO RECURSO

   

            Después de un tiempo largo de reflexión, solo y en equipo -tiempo, por supuesto, duro, penoso, difícil, pues siempre he valorado y valoro el ministerio-, decidí pedir mi secularización. El término, de por sí, es ya penoso. Pero el que me hacen utilizar en el Obispado es mucho peor todavía: * reducción al estado laical + . Es decir, el ministerio debe ser un * aumento personal + ... Ahora, * te reduces + , disminuyes de categoría y pides ser uno más de la sufrida y vulgar clase de tropa.

La acogida en el Obispado es buena y amable, aunque siempre resulta un tanto distante. Y es normal, pues las personas encargadas de esto, son funcionarios que no tienen p or qué entrar en el drama personal que supone una decisión de esta envergadura, sobre todo cuando el ministerio lo has vivido siempre con ilusión, pleno de sentido.

Cuando planteo que mi motivación de fondo es sólo afectiva y que me decido a * reducirme + por honradez conmigo mismo, porque no me van situaciones ambiguas, porque necesito claridad personal y sencillez, porque no quiero pedirle a * ella + que asuma una vida también ambigua y difícil a mi lado, me quedo de nuevo -sorprendido!

Se me dice que lo afectivo no se puede ni mencionar en el informe personal que debo elaborar, pues sería motivo seguro de rechazo en las esferas vaticanas. Los predicadores del amor no pueden ni nombrarlo, cuando lo viven concretado en una mujer, cuando intentan hacerlo realidad ilusionadamente en pareja...

Para que la causa de secularización, progrese -se me dice- hay que alegar causas de fondo. Algo así como en la * nulidad matrimonial + , donde se buscan causas que invaliden el matrimonio desde el momento de contraerlo.

Con buena voluntad, se me invita a mentir. Y he de pensar en un informe personal que ponga en cuestión mi sacerdocio desde el primer momento, desde su origen. Algo tremendo: porque lo empecé lleno de ilusión y de alegría, pues concretaba en él mi compromiso evangélico de servir a la gente que más sufre y más marginada de nuestra sociedad: a la clase obrera; en ella intenté siempre insertarme; ella me ha enseñado lo indecible... como a hombre y como a cristiano.

Pues... ( manos a la obra!, aunque, a veces, te den náuseas. Planteo todo mi informe desde la idea de que mi decisión de ser cura fue algo equivocado, por haber hecho la opción en un momento de una fuerte crisis personal... por haber terminado una carrera universitaria que no me satisfacía en absoluto. Luego, alego una pérdida progresiva de identidad sacerdotal, fomentada por mi sentimiento permanente de vacío afectivo, por el choque estructural intra y extraeclesial, que te impide una y otra vez: realizar tus ideales de testimoniar los valores del Reino, y por mi inserción y compromiso con la clase obrera, y por toda la conflictividad sociopolítica....

) Es eso lo que quiere el Vaticano? ) Basta con eso, o ni eso siquiera? Es triste que te obliguen a tales cosas. Y, menos mal, que ahora la Iglesia dice defender los derechos humanos.., También los de sus curas que quieren situarse a otro nivel más de base y casarse? Esto último debe ser algo horrible. Claro, sólo para la clase de tropa. Maniqueísmo barato. Odio al amor.

Menos mal que, a pesar de eso, la vida sigue, el amor cambia a las personas y estructuras, y el Reino muy por encima, y en contra de la Iglesia estructural, en tantas ocasiones se sigue construyendo desde la base, desde la pequeñez insignificante de las comunidades de creyentes...